Eugenio Hernández Espinosa: más allá del dramaturgo

Cuba es un país de una gran dicha, artística literaria por la gran cantidad creadores que tiene desde el cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí. Uno de esos grandes creadores es Eugenio Hernández Espinosa, graduado del primer Seminario de Dramaturgia del Consejo Nacional de Cultura en la década del sesenta del pasado siglo XX. A partir de ese momento comenzó el camino de gloria de este gran dramaturgo cubano. Muchas han sido las obras que Hernández Espinosa, nos ha legado al patrimonio de la literatura dramática cubana.
Su obra María Antonio de 1964, se ha convertido en una de los grandes hitos de la escena cubana. Esta obra problematiza sobre el cambio de patrones culturales que estaba viviendo la Cuba de esos primeros años de Revolución. El conflicto de la misma a pesar de los años todavía sigue vigente, convirtiéndose en nuestra verdadera tragedia cubana. Nuestros orishas tutelares del Panteón Yoruba, se convierten en los protagonista ocultos que contribuyen al juego del destino de la protagonista. La muerte por la desobediencia es el final porque se tiene que cumplir el refrán Yoruba de: » oreja no pasa cabeza». Su obsesión por la cultura popular tradicional de nuestra nación se muestra con sus luces y las sombras que siempre puede proyectar los cultores de estas manifestaciones.
Con Calixta Comité de 1969, estremeció la escena cubana al punto de generar pasiones encontradas. Desde este momento un joven dramaturgo y crítico teatral como Antón Arrufat, vislumbra la capacidad y la grandeza creativa que contenía Eugenio Hernández. Calixta Comité, es una obra que debía llegar nuevamente a escena. Los sueños y miedos que formaron parte de algunas personas que contribuyeron a la construcción de esa sociedad nueva, que se levantaba moldeando «Al hombre nuevo» es el interés que refleja en cada parlamento de sus tres actos. La falsa moral y la burocracia es otro tema muy presente en esta obra que algunos decisores de aquel entonces no vieron con buenos ojos.
El teatro de Eugenio Hernández ha trascendido lo efímero de las tablas y ha pasado a la cinematografía nacional. Mi socio Manolo dio lugar al filme La vida inútil de mi socio Manolo, dirigido por Julio García Espinosa, (ICAIC) 1989, mientras en la mítica María Antonia teatral se basó el filme homónimo dirigido por Sergio Giral (ICAIC), I990. También fue coguionista de los filmes Patakín (1982), Roble de olor (2003), y del libreto cinematográfico de El Mayor. Esto lo convierte en una de las figuras más trascendentes del mundo del guion cinematográfico porque pocos guionistas que no sean directores de cine tienen tantas obras en el panorama del ICAIC.
Desde su grupo Teatro Caribeño, ha sabido infundir esta otra identidad un poco olvidada por los cubanos. El Caribe en Cuba y Cuba en el Caribe es una dualidad presente en esta agrupación teatral, de la cual él, ha sabido conducir con el rigor de un maestro que siempre tiene su visión en el presente caminando por un puente hacia el futuro. La dramaturgia es el arte de componer con palabras sobre la escena, ideas y sentimientos que se debe canalizar a partir de las interpretaciones que realizan los actores. Porque el dramaturgo antes de ser un hombre de la escena, es de la literatura, esa amiga que solo te acompaña en la soledad de la creación o la lectura. Con esta dedicatoria que realiza la Feria Internacional del Libro, reconoce la calidad de su escritura y de todos sus aportes a este manifestación muchas veces renegada en el panorama literario nacional. Es un acto de justicia cultural y social porque los personajes de Eugenio, no eran complacientes y no creo que los próximos lo sean. Estos personajes son de esos hombres y mujeres traídos desde África y plantados en el nuevo mundo. De ese legado tan presente del continente negro en el Caribe es el lenguaje otro lenguaje estructurado de forma magistral por este maestro. Por todo esto en el año 2005 fue acreedor del Premio Nacional de Teatro, la más alta distinción que se le entrega de esa manifestación artística, aquellos que se han entregado en cuerpo y alma al noble oficio de la tradición representada por la comedia y la tragedia.
Esta edición de la Feria Internacional del libro es un nuevo espacio para acercarse a su obra y disfrutarla con toda la grandeza que él merece. Es un nuevo momento para que muchas instituciones culturales y los más jóvenes nos acerquemos a la eterna sapiencia de los valores de su literatura dramática que festeja lo popular, con una mirada que evade prejuicios y estereotipos, mientras recrea la mitología de origen yoruba con su narrativa, símbolos y deidades. Eugenio Hernández Espinosa, es más que un dramaturgo, es un intelectual que se expresa a través de su escritura dramática.

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